La conferencia del European Consortium for Art Therapies Education (ECArTE), en septiembre de 2026, se celebraba en Pula, Croacia, en la costa del Adriático. Pula es una ciudad con un coliseo romano que se mantiene en pie, especialmente digno, dos mil años después de haber sido construido, acompañado de otras joyas arquitectónicas que aparecen como huellas de las muchas historias que allí se han vivido a lo largo de cientos de años.
ECArTE llegaba a este lugar proponiendo un viaje. Uno que, como en la Odisea de Homero, se iba encontrando con los ecos de su propio recorrido en el retorno a una Ítaca que, a cada paso y con cada segundo vivido, iba volviéndose otra.
Porque desde las diferentes terapias artísticas resonaba con fuerza el grito desgarrador de un mundo que nos confronta cada vez más con sirenas, cíclopes… empeñados en buscar, en cada una de las personas que lo transitamos, un posicionamiento tan estanco como alejado de la humanidad compleja, fluida e incluso contradictoria que albergamos como seres humanos.
Hay algo en compartir lo propio que toca eso que somos y que nos conecta con la base de nuestro trabajo. Y esa es una de las huellas que deja en mí este paso por ECArTE.
Desarrollamos un trabajo que, en medio de la inmediatez, busca ofrecer presencia y también tiempo. Estar presentes cuando casi todo puede hacerse en remoto. Volver a la interacción humana como fuente de encuentro y de posibilidad. Y, en medio de todo esto, hay viajes. Muchos viajes. Desde diferentes puntos del globo, desde distintos posicionamientos personales, sociales, políticos… Viajes que confluyen para compartir, incluso llegando a resistir la tentación de señalar a un culpable; ampliando la perspectiva que permite alejarse del ojo del huracán que lo absorbe todo, de la potencia de una masa que reclama un chivo expiatorio en quien depositar una rabia que no podría acoger ni el más grande de los contenedores que podamos imaginar.
No creo que seamos la esperanza de un mundo abocado a la extinción, ni mucho menos. Creo que, en la vida real, el héroe y el villano, la heroína y la villana… forman parte de una misma humanidad. Y tener conciencia de ello nos fortalece, porque nos devuelve a esa condición contradictoria que somos y nos aleja de discursos tan polarizantes como demagógicos. Pero sí tengo claro que somos, en lo que nos toca —y aquí aparece el cuerpo en su máxima expresión, como ese ente que, al tocar, es tocado y que todo el tiempo está en contacto directo con lo que le rodea— portadores del privilegio de vislumbrar una posibilidad. Una posibilidad que nos reconcilia con el cuerpo vivido, con la interacción humana y con aquello que nos rodea. Una posibilidad que da cabida a la fuerza arrolladora de la creatividad.
Nuestro granito de arena en este congreso: otro viaje, uno con un final en un libro…
El título del congreso, Repetition and Return, resonaba profundamente con el recorrido que dio lugar a Danza Movimiento Terapia, un libro colectivo escrito por once profesionales de diferentes lugares del mundo y nacido del deseo de hacer visible nuestra disciplina en castellano.
Porque escribirlo fue también un retorno. Un regreso a nuestra lengua materna, tantas veces dejada de lado cuando buscamos bibliografía sobre nuestra disciplina. Volver al castellano fue volver a una lengua que nos nombra, que nos reúne y que alberga también una parte de nuestra memoria compartida.
Y en ese movimiento de regreso fuimos dando forma a nuestras propias prácticas, atravesadas por poblaciones, contextos y experiencias diferentes. Escribir se convirtió así en una manera de volver a la presencia: de entrelazar conocimiento, pertenencia y comunidad.
También fue, inevitablemente, un viaje hacia el cuerpo.
Comenzamos encontrándonos a distancia, utilizando el espacio virtual para pensar, dialogar, movernos y crear juntas. Después, cuando la edición estuvo terminada, el encuentro pudo hacerse tangible. Nueve de las once profesionales que habíamos participado en el libro pudimos reunirnos en un espacio creado especialmente para celebrar y encarnar ese proceso colectivo. El viaje que había comenzado en las pantallas encontraba, por fin, cuerpos presentes.
Y quizá ahí estaba una de las resonancias más profundas con lo que ECArTE nos proponía en Pula: volver. No para regresar exactamente al lugar del que partimos, sino para descubrir que el lugar al que llegamos ya es otro. Que también nosotras somos otras.
El libro fue presentado el 29 de abril de 2025, Día Internacional de la Danza, en enAIRA, un espacio recién inaugurado en Bilbao, dedicado a la Danza Movimiento Terapia. Desde entonces ha seguido viajando: de unas manos a otras, de una ciudad a otra, de una lengua a otra, encontrándose con personas y contextos diferentes.
Quizás un libro pueda ser también eso: una forma de viajar sin desplazarse. Una manera de dejar algo de lo propio en manos de otros y permitir que, al encontrarse con otros cuerpos, otras miradas y otras historias, vuelva transformado.
Y ahora, ya en casa, sigo viajando. Un poco más acompañada, después de encontrarme, en un lugar de la costa adriática, con otros viajeros y viajeras capaces de compartir una parte de lo propio.
Un placer.